lunes, 25 de agosto de 2008

"In Memóriam"

Mucho se perdió el día que sucedio el terremoto del pasado (en el tiempo, mas no en nuestras mentes y menos en nuestras vidas) 15 de agosto. Muchos recordamos escenas tan deprimentes como aquéllas cuando veíamos a niños en las carreteras de Pisco y Chincha pidiendo Ayuda, dinero, comida, agua, entre otras muchas cosas que les hacía falta, después de esa fecha. Sin embargo, lo que esos niños jamás perdieron, como sucede con los pequeñines, es la sonrisa y ganas de jugar y disfrutar de la vida.

Ellos muy abstraídos de las circunstancia que a nosotros, los adultos, los más grandes, nos preocupaban, sólo se dedicaban a hacer lo que su naturaleza les indicaban que debían hacer: jugar, reir, disfrutar de la vida...



Si a nosotros adultos, estamos consternados con todo lo vivido, ¿cómo se sienten nuestros niños y niñas? ¿Cuánto comprenden la experiencia de la muerte y desolación vivida a su alrededor? ¿Cómo podemos ayudarlos a superar el estrés postrauma?

Muchos no duermen, tienen pesadillas, se orinan en la cama, se sobresaltan frente a cualquier ruido. Algunos estarán más irritables que de costumbres, con reacciones desproporcionadas frente algún requerimiento nuestro, o lo que es peor, están callados o demasiado quietos, aislados emocional o socialmente. Es allí donde necesitan toda la comprensión y soporte socio emocional que les permita superar lo que les sucede. Desde psicología sabemos que están sufriendo un Transtorno por estrés postraumático (TEPT), desde la vida cotidiana podemos entenderlos con palabras simples; lo que han vivido genera un trauma que requiere nuestra compasión: amor, comprensión, compañia y consuelo.



Asi como la solidaridad fue expresada de manera rápida con agua, colchones o alimentos, los niños pequeños y grandes, necesitan también mucha y especial atención. Los que estamos cerca de ellos, tenemos que darles grandes y consantes abrazos, besos, palabras tiernas y unos cuantos dulces para el alma. Requieren que les contestemos con palabras sinceras y sencillas que lo que ha pasado sí ha sido han muerto no volverán, que si es probable que la tierra siga temblando, que es difícil saber si encontraremos juguetes, que no sabemos cuando estaremos de nuevo en casa, etc. Lo que trato de decir es que tenemos que responder a sus preguntas y hacerlo con la verdad, porque ocultar lo que ha sucedido es el peor error que podemos cometer. Tratemos que logren jugar, que expresen lo que más les impactço, que jueguen y que estén en espacios alejados de las expresiones de dolor, que constantemente reciban palabras de elogio por lo que ayudan o sugieren... especialmente mucha paciencia y amor.

Ofrezcamos el consuelo que requieren y ayudemos a dar lo que más le gusta a un niño y niña: jugar. Sigamos atentos a cualquier demanda expresada explícitamente o no, para que sepan que estamos con ellos, que los amamos profundamente y que auténticamente, sí son primeros.


0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio